Si para festejar los 50 años de Dr.Martens se juntan el estudio californiano Blind con The Cinematic Orchestra puede salir esta joyita:
visto en LSD
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No, no se trata del tipo del otro lado de la orilla y que los uruguayos “queremos” tanto… :)
Se trata del ilustrador inglés Ben Kirchner del cual podemos ver sus ilustraciones en esta galería de Flickr o visitando su sitio.
visto en KN
Complementamos y mejoramos la nota anterior (pues las imágenes del libro eran de muy mala calidad) con reproducciones de más afiches de ese periódo de tiempo de nuestra historia gráfica:






















Es bastante difícil encontrar información sobre la historia del diseño gráfico uruguayo, por lo que me pareció interesante publicar el siguiente texto escrito por Jacinto A. Duarte(*) en 1952, y que más allá de cierta “inocencia” propia de la época, es una buena fuente para ir recuperando del olvido nuestro pasado gráfico.
EL CARTEL ANUNCIADOR
El cartel anunciador es viejo en nuestro medio como elemento de propaganda.
Las primeras manifestaciones publicitarias impresas fueron las fijadas en la vía pública, acompañadas, algunas veces, con redobles de tambores y voces de pregoneros.
Pero estas manifestaciones fueron superadas por la necesidad de destacarse para que se “vea” entre todas y diera el “grito en la calle”.
Hace más de medio siglo que el cartel dejó de ser un simple elemento de promoción de ventas, al intervenir los artistas, el colorido y el tecnicismo de las artes gráficas.
Los motivos buscados son infinitos y la imaginación de los artistas se remontan hasta la superación para lograr expresión publicitaria que atraiga.
El famoso afichista italiano Cappiello encontró las fórmulas que fueron las leyes del arte publicitario: “El Cartel será un ideograma que se impondrá rápidamente al espíritu del transeunte apresurado. Merced a una imagen simbólica, expresará una idea fácilmente perceptible. Su grafismo será lo suficientemente claro y atrayente para detener la mirada y quedar fijo en la memoria. Los colores estarán cuidadosamente limitados, pero con un contraste vivo para dar al objeto una intensidad que aumentará la fuerza de Sugestión”.
Y ha pasado la época de la reproducción de una marca de fábrica como símbolo de fuerza para entrar a la figura-símbolo del objeto que hay que vender.
Las imágenes deben quedar intactas en la mente, deben “entrar por los ojos”, no sólo es suficiente la figura atractiva de una cara bonita de mujer como punto focal, sino que hay que plasmar el motivo central, de ahí las combinaciones ingeniosas de los artistas, claro que muchas veces se han “pasado” para entrar en lo de difícil interpretación popular, en el afán de lograr destacarse. El cubismo y el surrealismo intentaron invadir el campo, pero en este aspecto del cartel anunciador no ha dado resultados prácticos por la lógica razón de su comprensión. El cartel debe ser un grito en la calle, un chistido, que haga dar vuelta la cabeza al que pasa y en ese corto lapsus de tiempo dejar impresionado en la retina y la mente su mensaje comercial. Por eso las composiciones deben tener estilo riguroso, con un grafismo seguro dentro de un poder de síntesis terminante, con una atracción que conmueva la sensibilidad del transeunte cualquiera sea su cultura estética; el cartel debe agradar a todos por igual y no a una “élite” de intelectuales.
No sabemos a ciencia cierta cuales fueron las primeras manifestaciones del cartel en nuestro país, a pesar de que las litografías existentes en el siglo pasado hicieron muchas cosas buenas, desgraciadamente no se encontraron.


Solamente tenemos noticias exactas del cartel anunciador para la aparición del diario “El Siglo”, en 1863, impreso por su propia litografía, que, como motivo de atracción, tenía en partes de la impresión aplicaciones de purpurina de brillante reflejos y colores, cosa que aún, hoy, se emplea en algunos almanaques de grotesca chabacanería.
En la página 110 reproducimos una fotografía, tomada en 1870, de la puerta de la Ciudadela, donde vemos una serie de murales, entre ellos hay un cartel de un producto “Blondin”, que no hay duda se trata de un afiche litografiado a varios colores impreso en el país, posiblemente; esta es la única prueba, si así se le puede llamar que podemos ofrecer del siglo pasado.
Pero vayamos a lo conocido.
Al comenzar el siglo XX, el genial pintor Don Pedro Figari, organizó una exposición de afiches en el Ateneo, que se inauguró el 8 de julio de 1900.

La muestra era estrictamente publicitaria, relacionada con el comercio y la industria nacional. En este torneo ganó el primer premio el artista Carlos F. Saez, de quién la Comisión de Bellas Artes realizó, en 1951, una exposición retrospectiva de sus pinturas, pero no fue exhibido ninguno de sus afiches por no conservarse; felizmente en esta obra podemos reproducir el premiado y otros, como el segundo premio que le correspondió a M. Blanes Viale; el tercero a Aphenor Gobi; y mención especial a Scarzolo Travieso y Luis Morelli.

Esas reproducciones las encontramos en “Rojo y Blanco” de 1900. Debido al éxito de esta muestra del maestro Figari, se repitió, poco después, otra con nuevos trabajos, entre ellos uno para la carátula y “afiche anunciador” de la obra de Carlos Reyes, “La Raza de Caín”.
No queremos, ni nos sentimos capaces para analizar la evolución artística de estos carteles, porque el lector lo comprobará, este es el espíritu de esta obra.
En 1911, cuando Don Esteban Elena, gerente de la compañía de tranvías “La Transatlántica”, quiso dar impulso a nuestro primer balneario capitalino, de Capurro, donde todavía quedan vestigios de lo que fue centro de lo más elegante de la sociedad montevideana, organizó un concurso de afiches.
El Parque Capurro se inauguró el 1º de enero de 1911 y la muestra se celebró el 1º de octubre de 1910, ganando el primer premio Santiago Rico, Domingo Bazurro el segundo y Félix Battaglini el tercero.
Ya en sus textos se hablaba de “grandes festivales”, como motivo central. Como dato histórico consignamos que el nombre de Playa Capurro se debe al ingeniero Juan Alberto Capurro, nacido en 1838 y graduado de ingeniero y arquitecto en Turín, que, conjuntamente con su hermano Federico, planearon el primer balneario uruguayo y que aún, abandonado, lleva su nombre.
En 1911 el Círculo de Bellas Artes realizó una exposición de afiches; la revista “La Semana” reproducía un afiche diciendo: “el primer premio fue ganado por dos amateurs J. L. Zorrilla de San Martín y M. Fernández Saldaña”; una modalidad casi desconocida en el erudito historiador, no así en la del reputado escultor que es un extraordinario pintor y dibujante.
El afiche, en nuestro país, fue perfeccionado a medida que las necesidades, por la expansión del comercio e industria lo exigieron.
En éstos últimos treinta años su evolución ha sido notable, casi fantástica, artistas de meritorios valores han participado con éxitos extraordinarios. La industria gráfica se ha superado en su tecnicismo logrando impresiones de la altura de las mejores extranjeras por el procedimiento hueco offset y tipográfico.

Exposiciones de muestras se realizan todos los años, estimulando la labor de los trabajadores del cartel, demostrando con ellos el progreso alcanzado por el comercio e industria con la colaboración de la publicidad.
Campañas de productos comerciales lanzados al mercado, de recordación, de instrucción para la lucha contra las enfermedades y plagas que ilustran, difunden en beneficio colectivo como las relacionadas con las actividades del fomento del turismo fuera de fronteras demostrando, sintéticamente, las bellezas de las plazas y lugares pintorescos del país.
Algunos de los afiches, porque es materialmente imposible reproducir y enumerar toda la producción, ilustran al respecto en su evolución histórica.






Para la Segunda Exposición Nacional de Artes Gráficas realizada en el Subte Municipal el 18 de julio de 1949, se realizó un concurso de afiches con cartel anunciador de esa exposición. Reproducimos a los que merecieron distinción.







(*) Duarte, Jacinto A. (1952) “Dos siglos de publicidad en la historia del Uruguay”. Páginas 223-234. Talleres Gráficos Sur S.A.
Algunas curiosidades del Montevideo de principios del siglo XX y como se las ingeniaban para promocionar espectáculos públicos, como por ejemplo al Teatro Politeama:

O como vemos en la siguiente imagen, una ambientación con muñecos representando al Tío Sam y al Kaiser Guillermo II de Alemania dentro de una jaula, para promocionar la exhibición de la película “El Espía” (película norteamericana de 1917 protagonizada por Dustin Farnum y Winifred Kingston), el 30 de noviembre de 1919 en el viejo Teatro Urquiza (lo que fuera luego el viejo edificio del SODRE):

Y en la última imagen, tomada también en la Plaza Cagancha, otra acción realizada unos años después para promocinar la exhibición de “El Fantasma Gris” (serial norteamericana de 1917 protagonizada por Harry Carter) en el Cine Oro que estaba situado en la Av. 18 de Julio 924 y que funcionó de 1916 a 1935:


Se ve que Rene Wanner anduvo por Berlín y aprovechó para fotografiar los afiches que encontraba por las calles, de los cuales publica una selección en su sitio y todas las imágenes (797 en total) en Flickr. Una buena referencia para analizar y comparar con lo que solemos ver por las calles montevideanas.

Impresionante recopilación de ilustraciones y tipografías de libros antiguos (5671 imágenes!!!) la realizada por el australiano “peacay” (Paul Kerrigan) y que podemos ver en Flickr o visitando su blog, BibliOdyssey.
