portada The New Yorker

Varios blogs ya han mostrado y hablado de esta portada de la revista The New Yorker, pero me pareció interesante lo escrito por la famosa diseñadora Paula Scher, integrante de Pentagram, que copio a continuación:

Paula Scher: Es la forma en que se dice

La reciente portada de New Yorker, con la ilustración de Barry Blitt que representa a los Obamas en la Casa Blanca ha causado un incesante furor en los círculos políticos y en los medios de comunicación durante la pasada semana. El grupo de Obama ha llamado a la portada de “sin gusto y ofensiva” y los principales medios de comunicación han acordado rotundamente, mientras que otros (además de los directamente involucrados), como, por ejemplo, Bill Maher y Jon Stewart, han defendido la nobleza del arte de la sátira.

Confieso que esta portada me hizo sentir incómoda. Y no me gustaba estar en ese lado del tema, así que me tuve que preguntar a mi misma: ¿por qué?

Concuerdo con Maher y Stewart en el principio general de la sátira, pero los argumentos de los principales medios de comunicación –que esta ilustración de los estereotipos políticos de los Obamas sirve para transmitir negatividad y es lo mismo que repetir un rumor- son persuasivos.

Pero si los argumentos de los medios de comunicación son correctos, entonces Jenny Bruce nunca podría haber realizado sus burlas con epítetos raciales y sociales, tampoco George Carlin. Las espectaculares tapas de Esquire realizadas por George Lois nunca habrían sucedido. Entonces, ¿cuál es la diferencia?

El problema con la broma de Obama no es que es peligrosa o insípida. El problema es que no es lo suficientemente peligrosa o insípida. No hay nada malo en una broma, es la manera en que es ejecutada. Sólo eso no es chocante y no es divertido. Se trata simplemente de mala dirección de arte. La portada es una ilustración cuando debería haber sido una fotografía. Es una ilustración caricaturesca, ni siquiera es una pintura realista. No es lo que usted dice, es la forma en que lo dice.

Para ser eficaz, este tipo de política tiene que esforzarse para parecer absolutamente real. Tienes que mirar y pensar, “Oh Dios mío, no lo puedo creer! ¿Realmente hacen eso? Tiene que ser tan insípido que se convierta en bueno. Lo que Lois ha logrado con su portada de Esquire del teniente Calley, acusado de dirigir la masacre de Mai Lai en Vietnam, posando con un grupo de sonrientes niños vietnamitas –una verdadera fotografía real. En este retrato, Calley será villano o inocente, dependiendo de su punto de vista. Cuando apareció en los quioscos, la portada era tan chocante, tan atroz, tan increíble en su mera existencia, que nadie se detuvo a pensar si era ofensivo o insípido. Otras cubiertas de Lois, como su portada de Muhammad Ali o el Presidente Nixon trabajan similarmente.

portadas Esquire

La ilustración de Barry Blitt es una caricatura de un estereotipo, no un estereotipo abierto. La ilustración crea una distancia entre el espectador y la perversidad de los contenidos. De hecho, la ilustración por si misma, junto con este contenido, hace que todo aparezca propiamente insípido en lugar de tremendamente chocante.

The New Yorker es una revista de ilustración y realmente tiene que tener cuidado al acercarse a esta forma de sátira indignante. The New Yorker está en su mejor momento con la espectacular portada de “New Yorkistan” de Maira Kalman y Rick Meyerowitz, o la evidente caricatura política –también de Barry Blitt- de Obama apareciendo sobre Hillary en la cama para responder el teléfono a las 3 de la madrugada. El realismo no era necesario en ninguna de estas cubiertas para que la broma sea efectiva. Por otro lado, el arte de Spiegelman en la portada en que un judío ortodoxo besa a una mujer durante las tensiones raciales entre judíos y afroamericanos, tenía el mismo problema que la actual portada de Blitt. Hubiera sido mucho más eficaz con una fotografía. A título de ejemplo, no es ni provocador ni divertido.

portada The New Yorker

Jon Stewart ha hecho bromas varias veces en su espectáculo sobre los Obamas terroristas. Siempre utiliza la fotografía, porque para que sea divertido tiene que ser real. Hacer que el humor visual funcione es realmente trabajo del director de arte editorial. Barry Blit tuvo una buena idea, pero era el hombre equivocado para ese trabajo.

visto en Design Observer (el artículo original)