
El diseñador gráfico uruguayo Carlos Palleiro (del cual habíamos hablado aquí) radicado desde hace muchos años en México, vuelve a Montevideo a presentar su exposición de dibujos “Animalerías”, la misma se inaugurará el viernes 11 de julio a las 12 hs., y permanecerá abierta hasta el 26 de agosto, en la Sala de Arte “Carlos Federico Sáez”, Rincón 575.
A continuación les dejo, además de las imágenes, los textos que me enviaron desde la Sala Carlos F. Saez, primero uno escrito por Palleiro con su humor característico, y el de María E. Yuguero (curadora de la muestra) hablando sobre la exposición y la trayectoria de Palleiro.

Queridas y queridos
Al fin ANIMALERÍAS en Montevideo.
El viernes 11 de julio a las 12 del día, se inaugurara la quinta versión de la exposición ANIMALERÍAS, en la Galería de arte Carlos Federico Sáez del Ministerio de Transporte y Obras Públicas en Rincón 575 PB, frente a la Plaza Matriz.
Allí nos veremos para celebrar.
Ha dado un laburo bárbaro la preparación de esta exposición, en especial convencer a los bichos que no se dejaban arriar, tropear. Algunos ponían cualquier excusa: que no tenían visa, que hace un frío tremendo, que la humedad mata, que el Cono sur les sienta mal. El colmo fue el loro, que si no le ponían un traductor no iba, porque no les entiende a los uruguayos. Pero al final nos pusimos de acuerdo, claro, luego de largas tratativas con el comité de delegados del bicherío sobre su pliego petitorio: pago de horas extras, salario doble por las inclemencias del tiempo, dos litros de leche por trabajo insalubre, bufandas y sobretodos para todos, y una grapita pa`l frío.
En fin, está todo listo para arrancar para ese invierno tan extrañado. Esperemos que no se pierda algún animal despistado.
Abrazos
Carlos Palleiro
Su concreción siguió el viejo método del bosquejo artesanal como primera instancia al formato definitivo, denominada por Palleiro “diseño de verdad, diseño de ideas”, por oposición al compendio de programas digitales que en ausencia de creatividad ofician de fuegos de artificio tecnológicos, convirtiendo al diseño en un puzzle plastificado. “Mesa de dibujo, papel, lápiz, goma, escuadra, compás, regla, compás áureo” son sus herramientas habituales y sólo en segunda instancia incorpora la computadora para agilizar el procedimiento, aumentar la productividad, mejorar la presentación.

A continuación el texto de María E. Yuguero:
“No es suficiente que un cartel se vea, hace falta que sea también recordado y memorizado. Su efecto óptico debe resultar de una íntima fusión de la visión y de la memoria” Jean Carlu (“Reflexiones sobre la estética del afiche”)
Las décadas de los 60´ y 70´ presenciaron la revolución internacional del pensamiento y de la vida en occidente, cambio consecuentemente reflejado en una sociedad estetizada, en la que el diseño gráfico fue uno de los paradigmas de la difusión del espíritu contemporáneo. Sin duda el nivel gráfico alcanzado en Uruguay durante este período fue relevante y contó con gigantes del diseño que dejaron su impronta en la estética de un ciclo con proyección y vigencia actuales, pero fue Carlos Palleiro quien dio imagen inconfundible al ánimo iconoclasta que entonces se respiraba. Significante de ese período revulsivo en la historia local, fue portavoz del mensaje renovador en una sociedad conceptualmente arcaica.
Ilustraciones, libros, discos, carteles diseñados por este artista se inscribían en el clima de rebeldía tácita o explícita que circulaba por los estamentos como savia nueva; era palpable en la cultura la sensación de estar gestando al hombre nuevo. Alegres, coloridos, lúdicos, humorísticos, sus diseños manifestaban tangibles en el campo de la imagen esa inquietud que volvía sus ojos hacia el genio local y el espíritu regional a través de un ávido seguimiento del realismo mágico literario, del canto popular, del indigenismo, de la artesanía vinculadas a una estética latinoamericana. Tiempo de idealismos.
A semejanza de muchos de sus colegas antecesores y contemporáneos, Palleiro tuvo su formación visual en el observar, intuitiva en el concebir y pragmática en el hacer, si bien reconociendo su deuda en especial hacia José María Campaña, quien actuó como su referente, sin olvidar a Pacho Barnes y a Rimer Cardillo. Las bases formales de su diseño fueron europeas, en especial polacas, de coloristas como Jan Lenica o Roman Cieslewicz, conllevando la impronta ineludible de la psicodelia, marca de agua de una época en diseñadores de diversos orígenes como Milton Glaser, David Consuegra, Franco Grignani o Heinz Edelmann, entre tantos, pero asimismo sondearon en la pujante sustancia latinoamericana de desborde cromático, presente en especial en cubanos y mexicanos, proveniente de los pueblos aborígenes del continente. El rasgo más típico de Palleiro es justamente su vital mentís al gris idiosincrásico nacional, a favor de un cromatismo más vinculado al temple brillante del optimismo que al intento de subvertir la estética local.
Radicado en México desde 1976, su tarea gráfica se ha desarrollado sin interrupción y ha sido una de sus responsabilidades puntuales la realización del diseño de carátulas de libros escolares, tarea que naturalmente se avino a su estilo franco y animado, multiplicándose en un abanico de bichos coloridos, unas “animalerías” de candoroso cuño imaginario. Su concreción siguió el viejo método del bosquejo artesanal como primera instancia al formato definitivo, denominada por Palleiro “diseño de verdad, diseño de ideas”, por oposición al compendio de programas digitales que en ausencia de creatividad ofician de fuegos de artificio tecnológicos, convirtiendo al diseño en un puzzle plastificado. “Mesa de dibujo, papel, lápiz, goma, escuadra, compás, regla, compás áureo” son sus herramientas habituales y sólo en segunda instancia incorpora la computadora para agilizar el procedimiento, aumentar la productividad, mejorar la presentación. “Siempre dibujo, siempre dibujo, siempre dibujo. Borro, vuelvo para atrás, voy para adelante… Es el tema de la mano, del trazo. Yo sigo con los colores fuertes y el trazo. ¡Si no, me estoy traicionando! Espero no estar traicionando mis ideas ni mis principios, si no, ya no importa que diseñe o haga otra cosa”.
Los bosquejos de Palleiro son la vida secreta de sus “Animalerías”: búsqueda de un diseño dinámico partiendo de principios geométricos para arribar a formalidades de armónica síntesis. Existe en su concepción cierta tendencia no excluyente a la unicidad compacta de la imagen en el plano, espacio acotado donde oscilan corrientes rítmicas más o menos aceleradas, movimientos equilibrados, ordenados y vagamente tendentes a la simetría. Las líneas paralelas o entrelazadas definen zonas diversas de los bichos presentándose en series que, organizadas por conjuntos, imprimen al ícono impulsos intrínsecos giratorios, con frecuencia contradictorios. Los bichos se plantean en general frontales o de perfil sobre fondo blanco, con un repliegue – toda vez que ello es posible sin merma plástica – de miembros o cabeza hacia el centro de la figura, torsión que integra estas formas en el sistema de interacción geométrica de la totalidad de la figura, con un mínimo de elementos centrífugos, también éstos compactados sobre sí mismos: la imagen centrada en bloque ostenta un irresistible poder de atracción. En su interior óvalos, espirales y círculos concéntricos se complementan, enganchan como cintas moebius, despliegan como abanicos, insertan ondulantes unos en otros y circulan equidistantes describiendo movimientos rotatorios sobre un eje principal y otros secundarios. Picassiano en su capacidad de vincular sin violencia una línea a otra en sinuosa naturalidad y de definir entidades a partir de elementos que no parecen anunciarlas, su estilo despierta resonancias céltica e islámica.
Su tendencia a una suerte de abstracción “orgánica” sui generis permite la adecuación de sus animales a otras formas naturales como hojas, flores, alas, esquemas vegetales o animales que Palleiro resignifica en el aparente caos fenoménico del mundo. Sus trazados tentativos inscriben a las figuras en círculos subdivididos por precisas mediciones, a la manera de Villard de Honnencourt: pivotantes en la intersección de dos circunferencias como sobre una simbólica mandorla, los bichos son planos de ejecución de una danza armoniosa, a veces complementada por el movimiento de otro bicho igual o diferente, con quien pueden compartir naturaleza (elefante – culebra) o escenario en perfecta simbiosis (con frecuencia, un pájaro), en un todo integrado en perfecta continuidad. Cada dibujo invita a resolver un enigma humorístico: el avestruz anuda su largo cuello y exhibe pernos en sus articulaciones; el feroz rinoceronte de Durero deviene el tierno rinoceronte de Palleiro replegándose sobre sí mismo y simplificándose hasta convertirse en un bicho amablemente infantil, y el gallo altanero de Guadalupe Posada se transforma en un elegante emplumado, ornado o armado de espuelas, ya que no de espolones. Con similar tónica un cerdo con anteojos vuela, quizá inspirado en el disco “Animals” de Pink Floyd, los tres tigres parecen tristes y la vaca semeja tener las patas tan largas que le llegan hasta el suelo. El perpetuum mobile ondulante de sus imágenes no se interrumpe, sino que integra espirales no estructurales que ofician de delicada decoración interna con un sabor art nouveau y sin violentar la natural tendencia al uso de la línea curva: vaca y ballena lucen su engalanado porte.
Capital en los dibujos de Palleiro, el color es en esta ocasión enérgicamente imponente por su magnificación a partir de su escala de tapas de libros. Restallantes arcos iris siempre conformados por tres o cuatro colores reiterados en los que se avizora el calor de las culturas latinoamericanas y el desenfado de los diseñadores polacos, sus dibujos, valorizados enfáticamente en volumetrías, estallan vitales provocando la sonrisa de la sorpresa y a veces la risa del hallazgo. Imágenes de lectura sencilla e inspiración infantil responden al que ha sido su estilo personal de sintaxis, sólo en ocasiones destinada efectivamente a niños. Con deferente inclinación por colores subidos, impactantes, potenciados por contraste, modulados en grupos de cintas paralelas, dejando entrever figuras zoomorfas o híbridas, sus imágenes son especialmente atrayentes y, debido a la simplicidad con que el mensaje está planteado, satisfacen el fundamental requerimiento del diseño, la comunicación.
Tras la instancia previa del “diseño de ideas”, dibujo manual tras dibujo manual, Palleiro recurre a la computadora, herramienta de prueba, de ensayo y de presentación. La serie de las “Animalerías”, concebida para la escala de carátulas de libros escolares, tiene su propio valor como dibujos originales que cumplieron una misión didáctica en manos de los niños y estética en las de quienes supieron apreciarlo y disfrutarlo en consecuencia. Cumplido su cometido de difusión pedagógica, Palleiro ha proyectado la exhibición de este material, sometiéndolo a transformaciones que a la postre ayudarían a una mejor visualización, pero también evidenciarían la oscilación del trazo manual, la imperfección y la condición humana de los dibujos. Estos pretendidos defectos son justamente las cualidades que interesan al autor, satisfecho de sus procedimientos artesanales: la fuerte ampliación de sus bichos adquiere un porte humorístico, llamativo y en especial, humano por falible. Doble oportunidad de disfrutarlos, en su estética original a través de su escala genérica y en su presentación de megazoológico imaginario.
Entiendo un privilegio la presencia de esta figura de excepción en su representación plástica más fresca de bosquejos, dibujos preliminares y planificación del color, considerando asimismo impactante la magnificación de estas imágenes capaces de develar el tesoro del trazo original, ampliando hasta lo descarnado la variabilidad expresiva y humana de un artista de estos quilates. Cuarenta años han transcurrido desde su primer cartel y más de treinta desde su radicación en México, una vida transcurrida entre diseños militantes de sentimiento regional, labor siempre en concordancia con sus ideas y con la vitalidad latinoamericana. Uruguayo de origen y mexicano por adopción, Palleiro es una imagen de patente actualidad, pero también es el símbolo de un tiempo y de una idea. Uno de esos artistas que han sabido mantener la frescura de su estilo y de su pensamiento. A pesar de todo.





