Amarillos, naranjas, azules, rojos… de un Montevideo no tan gris… gaviotas, plantas, olas o volutas, son algunos de los aspectos morfológicos típicos en las fachadas de las casas construidas por Bello&Reborati en las décadas del 20 y del 30, en una ciudad que aún no había sido abordada por las “cajas de zapatos”, y en la que la habilidad, calidad y creatividad de los artesanos (mayormente provenientes de Italia y Andalucía) dejaron una huella que es bueno recordar y estudiar como fuente de formas gráficas.

Bello y Reborati

Esta casa fue construida en 1930 como vivienda del propio Ramón Bello y está en la intersección de las calles Solano Antuña y Tomás Diago, en el barrio Pocitos.

Bello y Reborati

En ambas fachadas, uniendo las ventanas de la planta baja con las del primer piso, hay tres zonas cubiertas por hermosos azulejos, cada uno de ellos conformado en una composición simétrica y estructurado en cuatro zonas a partir de las diagonales del cuadrado llevadas a secciones de circunferencia.

Bello y Reborati

En los triángulos que se conforman a ambos lados del cuadrado, la división está realizada en líneas rectas azules, generando nuevos triángulos, cada uno de ellos con fondo de color naranja, y conteniendo puntos blancos, tres en general. En cambio en los triángulos superior e inferior las formas están basadas en líneas curvas, flores simetrizadas con respecto al eje vertical.

Bello y Reborati

En la repetición de este módulo se genera una lograda teselación, alternando franjas de formas más geométricas con franjas de formas curvas y sensuales.

Bello y Reborati

En el primer piso y a ambos lados del balcón situado en la esquina hay dos elementos particulares. Sobre Tomás Diago, una pequeña ventana con un vitral con dos gaviotas sobrevolando un agitado mar, o el Río de la Plata, que seguramente en aquella época (antes que las torres taparan la rambla) se veía desde el mirador de la casa. La ventana está enmarcada en una sucesión de líneas curvas que acompañan la temática de las olas.

Bello y Reborati

Del otro lado del balcón, sobre Solano Antuña, el espacio para la ventana se transforma en un nicho, con aspectos similares al anterior aunque con menos elementos, para contener un jarrón que mantiene una morfología similar en cuanto a las líneas curvas y el uso de los colores amarillo y azul.

Bello y Reborati

Debajo de las ventanas del mirador aparecen dos cuadrados apoyados en un vértice, uno a cada lado de la esquina, conformando una imagen circular a partir de la unión de cuatro azulejos y que se aleja un poco del nivel de los elementos anteriores, tanto por la calidad de la imagen conformada, como por la paleta de colores utilizada.

Bello y Reborati

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